Revista Regional de Trabajo Social
Año XVI Tercera 2002
Nº 26

EDITORIAL

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Desigualdad, ciudadanía y trabajo social es el tema central de este número de la revista; tema que plantea el análisis de dos categorías complejas en el actual contexto sociopolítico y ubica el trabajo social como disciplina que debe construir desde sus marcos conceptuales y estrategias metodológicas un particular abordaje de los actuales fenómenos sociales en sus escenarios de intervención profesional.

Si bien la temática no es nueva como objeto de análisis de diversas disciplinas, surgen algunas interrogantes que orientan reflexión y debate en los espacios profesionales de trabajo social.

Qué significa ser ciudadano en el marco del actual modelo globalizador?¿Qué relación establece con un concepto y práctica de democracia y justicia social?
¿Es posible un proceso de construcción de ciudadanía en un contexto de desigualdad y exclusión social?

Este proceso globalizador trasciende los aspectos económicos del modelo y una de sus principales inserciones lo constituye el terreno ético-cultural, en una conquista invasora de los espacios cotidianos de convivencia social modificando valores, contribuyendo a la creación de modalidades de relacionamiento social competitivas, debilitando valores democráticos y el tejido social; en síntesis, en la construcción de nuevas subjetividades.


 

Desde otros espacios de socialización se instituyen propuestas denominadas educativas a través de políticas públicas de educación, generando fuertes desencuentros entre prácticas culturales agudizando los procesos de exclusión y estigmatización social.

La pobreza estructural y el creciente desempleo han determinado que un amplio sector de la sociedad esté excluida de sus derechos básicos que se inscriben en un concepto de ciudadanía, tales como el derecho al trabajo, a la participación social, a una vivienda digna, a una atención integral en salud, a la educación desde un pleno reconocimiento y respeto ciudadano. Son derechos que trascienden un concepto de ciudadanía local, nacional y se ubican en un concepto de ciudadanía cosmopolita.

Esto no supone restarle valor e importancia a la construcción de identidades culturales particulares, por el contrario, estas refuerzan el sentido de pertenencia local exigiendo habilidad y compromiso para participar en ella y mejorarla, en el marco del conocimiento e intercambio de otras identidades. Proceso que fortalece un marco de cohesión intercultural respetando los derechos de los diversos colectivos culturales.

¿Cuáles son entonces los desafíos que desde un abordaje educativo se le presentan al trabajo social? ¿Qué estrategia educativa es posible en este marco de desigualdades y hacia que ciudadanía caminamos?

Es indudable que las respuestas a estas preguntas dependerán de los mapas cognitivos que hemos construido y con los cuales interpretamos la realidad social, como ubicamos lo “político”, lo “público” en un proceso de construcción ciudadana; que contenidos, valores, actitudes y derechos deben priorizarse en los distintos escenarios educativos.

No es posible pensar en un concepto de ciudadanía sin inclusión política, sin igualdad de acceso a oportunidades, sin igualdad de distribución de las condiciones que permitan reducir significativamente los niveles de pobreza y a que se habilite desde el Estado a procesos de integración social con políticas públicas que incluyan en forma articulada los aspectos económicos, sociales y culturales.