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EDITORIAL Cuestiones
acerca de la gestión social |
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Si por gestionar
se entiende incorporar una racionalidad que nos permita recorrer con eficacia
y eficiencia el camino crítico para lograr un objetivo, quizás los aportes
deberíamos buscarlos en expertos metodólogos que pudieran acercar perspectivas
y procedimientos para la mejor consecución del mismo Sin embargo la discusión
ha convocado a diversas disciplinas y ha incursionado en temas tales como
rol del estado, políticas, modelos organizacionales, etc., no sólo como
marco institucional de la gestión sino como herramienta superadora de
problemas de marginalidad y exclusión social; como una condición necesaria,
pero no suficiente, para alcanzar niveles de mayor equidad social. Lo expresado lleva
a pensar que evidentemente hay “cosas” que es necesario “hacer” y además
hacerlas con mayor previsión acerca de la calidad y alcance de sus resultados.
Entonces estaríamos hablando de nuevos campos de intervención y de nuevas
metodologías.
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La definición
de campos de intervención, implica reconocer y considerar las necesidades
sociales con relación tanto a su dimensión como a sus particularidades,
a la luz del fenómeno de la pobreza y su impacto en las distintas esferas
de la vida de las personas y su contexto cultural. En consecuencia
y atendiendo además a la efectiva disponibilidad de recursos, es necesario
replantearse los modos de organizar y administrar los mismos, en función
de atender los nuevos y crecientes requerimientos de quienes más los necesitan.
Este imperativo constituiría el objeto de la gestión social. Por lo expuesto
reflexionar acerca de la gestión social implica al menos dos grandes cuestionamientos,
el primero de ellos acerca de la condición humana, esto significa como
se valora y qué lugar ocupa en el momento de plantearse un modelo de desarrollo
social. Reflexionar sobre este aspecto nos acercaría a vislumbrar él “para
qué” de la gestión. Por otro lado
y basándose en las definiciones que se alcancen con el «para que», es
posible definir “qué se gestiona”: la organización de la pobreza, el mejor
equilibrio entre los pobres, o alternativas de superación de desigualdades
sociales. Las metodologías
variarán según la perspectiva con que se mire la realidad social y, en
este caso, el modo de concebir el desarrollo social. En este punto
merece destacarse el pensamiento de Amartya Sen, destacado académico y
pensador hindú, de origen Bengalí, Profesor de economía y filosofía en la Universidad
de Harvard, Ganador del Premio Nobel de economía 1998, quién plantea una
visión del desarrollo en la que hombre resulta ser centro y sentido del
mismo. Desde este lugar,
considera que en la medida que el desarrollo tiene que ver con el logro
de una “vida mejor”, habría que enfatizar la naturaleza – más que la forma
– de la vida que lleva la gente. La gestión será en base a lograr una
mayor calidad de vida. Su sentido estará orientado a los fines y no a
los medios de cómo realizarla. El proceso de
desarrollo económico será concebido como la expansión de las “capacidades”
de la gente. Este planteamiento evita, cuando se evalúa el desarrollo
o se proponen políticas, que se confundan medios y fines, ya que a menudo,
se olvida que la vida de las personas debe ser la preocupación principal
y que la producción y la prosperidad materiales son meros instrumentos
para solventar aquella. De lo que se trata
por tanto es de “evaluar el cambio
social en términos de la riqueza de la vida humana resultante de él, ya
que el centro de análisis no son las necesidades y los logros, sino el
potencial para lograr su cobertura”. Con esta mirada
se abren nuevas vías para concebir y alentar prerspectivas y enfoques
acerca de los modelos de gestión, percibiéndose que lo importante en tales
procesos radica en la promoción de las capacidades, las realizaciones
y los derechos de las personas, más que sólo los medios materiales, las
“utilidades” o la satisfacción de necesidades básicas. Para los fines
de la política esta perspectiva enriquece enormemente las propuestas,
haciendo más eficaces las opciones, en la medida que no sólo propugna
una expansión de los bienes básicos para la subsistencia, sino que considera
que esto no es condición suficiente para el desarrollo. Con ello se ponderan
espacios de acción vinculados al ejercicio de los derechos sociales y
a la promoción de las “capacidades” y “realizaciones”, atendiendo a lo
que las personas dentro del contexto cultural que conforman, consideran
valioso para “hacer” y “ser”. La calidad de vida se determinaría en apoyo
a esos “haceres y seres” (realizaciones) y a la capacidad y habilidad
de la persona para alcanzarlos. Desde esta visión,
es posible avanzar sobre el sentido ético que debe subyace en todas las
preguntas acerca de la gestión, en tanto prevalece la importancia de la
libertad por sobre los medios para alcanzarla, porque en ese valor radica
la dignidad y no habrá un desarrollo verdaderamente humano si no se trabaja
en función del efectivo ejercicio de la libertad. “El rol fundacional de los valores
sólo puede ser ignorado a favor de una visión instrumental trivializando
la base del concepto de desarrollo”(Sen,1989) Nuestro análisis
nos hace observar como, la gestión de una política social podría variar
cualitativamente según el fin que se persiga. En una realidad social afectada
por la racionalidad económica como única alternativa de cambio, las contradicciones
entre la calidad humana pretendida y los sistemas económicos instalados
pueden llevar a los pueblos a niveles insospechados de injusticia y no
habrá modelo de gestión que por si mismo permita superar las desigualdades
si no se profundiza la reflexión sobre los fines. En función de
este desafío, creemos oportuno introducirnos en el estudio de la participación
ciudadana, en el marco del análisis de la complejidad social, Esta perspectiva
puede ofrecer elementos teóricos y prácticos que orienten nuestras decisiones
a la hora de gestionar, como así también al efectivo aporte de experiencias
que permitan fundar nuevos procedimientos, métodos e instrumentos para
el ámbito del quehacer institucional en el campo de la cuestión social. Lic. Sonia Sanz
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