Revista Regional de Trabajo Social
Año XIV 2000
Nº 19

EDITORIAL

Cuestiones acerca de la gestión social

IR A REVISTAS Nº
1999
15
16
17
2000
18
19
20
2001
21
22
23
2002
24
25
26
2003
27
28
29
2004 30 31 32
2005 33 34 35
2006 36 37 38
2007 39 40 41
2008 42 43

  Por qué provoca tanto interés preguntarnos acerca de la gestión en el ámbito de lo social. Será que nos preocupan más los medios que los fines, o se trata de replantear los fines. O tal vez, el modo de hacer las cosas no alcanza los resultados esperados, o bien los resultados buscados no responden a la naturaleza de la necesidad de que se trata.

Si por gestionar se entiende incorporar una racionalidad que nos permita recorrer con eficacia y eficiencia el camino crítico para lograr un objetivo, quizás los aportes deberíamos buscarlos en expertos metodólogos que pudieran acercar perspectivas y procedimientos para la mejor consecución del mismo Sin embargo la discusión ha convocado a diversas disciplinas y ha incursionado en temas tales como rol del estado, políticas, modelos organizacionales, etc., no sólo como marco institucional de la gestión sino como herramienta superadora de problemas de marginalidad y exclusión social; como una condición necesaria, pero no suficiente, para alcanzar niveles de mayor equidad social.

Lo expresado lleva a pensar que evidentemente hay “cosas” que es necesario “hacer” y además hacerlas con mayor previsión acerca de la calidad y alcance de sus resultados. Entonces estaríamos hablando de nuevos campos de intervención y de nuevas metodologías.

 

La definición de campos de intervención, implica reconocer y considerar las necesidades sociales con relación tanto a su dimensión como a sus particularidades, a la luz del fenómeno de la pobreza y su impacto en las distintas esferas de la vida de las personas y su contexto cultural.

En consecuencia y atendiendo además a la efectiva disponibilidad de recursos, es necesario replantearse los modos de organizar y administrar los mismos, en función de atender los nuevos y crecientes requerimientos de quienes más los necesitan. Este imperativo constituiría el objeto de la gestión social.

Por lo expuesto reflexionar acerca de la gestión social implica al menos dos grandes cuestionamientos, el primero de ellos acerca de la condición humana, esto significa como se valora y qué lugar ocupa en el momento de plantearse un modelo de desarrollo social. Reflexionar sobre este aspecto nos acercaría a vislumbrar él “para qué” de la gestión.

Por otro lado y basándose en las definiciones que se alcancen con el «para que», es posible definir “qué se gestiona”: la organización de la pobreza, el mejor equilibrio entre los pobres, o alternativas de superación de desigualdades sociales.

Las metodologías variarán según la perspectiva con que se mire la realidad social y, en este caso, el modo de concebir el desarrollo social.

En este punto merece destacarse el pensamiento de Amartya Sen, destacado académico y pensador hindú, de origen Bengalí, Profesor de economía  y filosofía en la Universidad de Harvard, Ganador del Premio Nobel de economía 1998, quién plantea una visión del desarrollo en la que hombre resulta ser centro y sentido del mismo.

 

Desde este lugar, considera que en la medida que el desarrollo tiene que ver con el logro de una “vida mejor”, habría que enfatizar la naturaleza – más que la forma – de la vida que lleva la gente. La gestión será en base a lograr una mayor calidad de vida. Su sentido estará orientado a los fines y no a los medios de cómo realizarla.

El proceso de desarrollo económico será concebido como la expansión de las “capacidades” de la gente. Este planteamiento evita, cuando se evalúa el desarrollo o se proponen políticas, que se confundan medios y fines, ya que a menudo, se olvida que la vida de las personas debe ser la preocupación principal y que la producción y la prosperidad materiales son meros instrumentos para solventar aquella.

De lo que se trata por tanto es de “evaluar el cambio social en términos de la riqueza de la vida humana resultante de él, ya que el centro de análisis no son las necesidades y los logros, sino el potencial para lograr su cobertura”.

Con esta mirada se abren nuevas vías para concebir y alentar prerspectivas y enfoques acerca de los modelos de gestión, percibiéndose que lo importante en tales procesos radica en la promoción de las capacidades, las realizaciones y los derechos de las personas, más que sólo los medios materiales, las “utilidades” o la satisfacción de necesidades básicas.

Para los fines de la política esta perspectiva enriquece enormemente las propuestas, haciendo más eficaces las opciones, en la medida que no sólo propugna una expansión de los bienes básicos para la subsistencia, sino que considera que esto no es condición suficiente para el desarrollo.

Con ello se ponderan espacios de acción vinculados al ejercicio de los derechos sociales y a la promoción de las “capacidades” y “realizaciones”, atendiendo a lo que las personas dentro del contexto cultural que conforman, consideran valioso para “hacer” y “ser”. La calidad de vida se determinaría en apoyo a esos “haceres y seres” (realizaciones) y a la capacidad y habilidad de la persona para alcanzarlos.

Desde esta visión, es posible avanzar sobre el sentido ético que debe subyace en todas las preguntas acerca de la gestión, en tanto prevalece la importancia de la libertad por sobre los medios para alcanzarla, porque en ese valor radica la dignidad y no habrá un desarrollo verdaderamente humano si no se trabaja en función del efectivo ejercicio de la libertad.

 

“El  rol fundacional de los valores sólo puede ser ignorado a favor de una visión instrumental trivializando la base del concepto de desarrollo”(Sen,1989)

 

Nuestro análisis nos hace observar como, la gestión de una política social podría variar cualitativamente según el fin que se persiga. En una realidad social afectada por la racionalidad económica como única alternativa de cambio, las contradicciones entre la calidad humana pretendida y los sistemas económicos instalados pueden llevar a los pueblos a niveles insospechados de injusticia y no habrá modelo de gestión que por si mismo permita superar las desigualdades si no se profundiza la reflexión sobre los fines.

En función de este desafío, creemos oportuno introducirnos en el estudio de la participación ciudadana, en el marco del análisis de la complejidad social, Esta perspectiva puede ofrecer elementos teóricos y prácticos que orienten nuestras decisiones a la hora de gestionar, como así también al efectivo aporte de experiencias que permitan fundar nuevos procedimientos, métodos e instrumentos para el ámbito del quehacer institucional en el campo de la cuestión social.

 

Lic. Sonia Sanz

 

INICIO DE PÁGINA